En 1969, la tranquilidad de la Base Aérea de Tablada se vio progresivamente alterada por la llegada de algunos «pájaros exóticos» y la creciente actividad de la Maestranza Aérea que durante unos meses se afanó por volver a poner en vuelo casi una treintena de los «Buchones» que, dados de baja, esperaban su desguace y subasta como chatarra. Curiosamente, cuando volvieron al aire, los aviones de Triana lo hicieron disfrazados de alemanes, con cruces de hierro en sus alas y fuselajes y esvásticas en sus colas. Al tiempo, la fisonomía de la Base se fue volviendo gris con la pintura de camuflaje, aunque para desesperación de los productores y técnicos británicos que comenzaban el rodaje de «La Batalla de Inglaterra», la última gran superproducción de tema aéreo de la historia del cine, no hubo forma de disimular las características palmeras sevillanas.

Uno de los de nuevo flamantes «Buchones» —Hispano HA-1112M1L en su denominación de fábrica y C-4K para el Ejército del Aire— luce su acabado cinematográfico delante de los mimetizados hangares de Tablada. Lástima que el camión Pegaso, al fondo, a la derecha, rompiera la falsa imagen de un aeródromo alemán de 1940, en el Norte de Francia.

Algunos de los «Buchones» no estuvieron en condiciones de volar, pero renovados exteriormente y con hélices tripalas, puntas de alas recortadas y otros detalles, sirvieron para tomas en tierra, a mejor imitación de los Bf-109E Emil que realmente protagonizaron aquellos hechos bélicos. Al fondo, «el monumento» de San Juan de Aznalfarache, en el inmediato Aljarafe sevillano, delata la verdadera ubicación de la imagen.

Los bimotores CASA C-2.111, B-2I en su designación militar, hicieron con más que buen resultado de bombarderos de la Luftwaffe. No en vano eran Heinkel He-111 fabricados con licencia a muy pocos metros de distancia, en la factoría CASA de Tablada. Los «Pedros», como eran popularmente conocidos, venían de la Base malagueña de El Rompedizo para ser pintados con agresivos tonos de verde y azul, pero apenas seis años antes, habían estado también «empadonados» en la dehesa sevillana.

Esta «ave de paso» es el único Spitfire que, sepamos, se posó en Tablada. Vino para rodar algunas escenas aéreas de combate y no estuvo mucho tiempo pero dejó un impactante recuerdo en cuantos pudieron acercarse a verlo, en el terreno del Real Aero Club, y presenciar sus vuelos. Las escenas de combate se rodaron sobre el mar, casi siempre sobre las aguas de Huelva, cuya popular playa de Mazagón se convirtió por unos días y con la colaboración del Ejército de Tierra en una destrozada y falsa Dunkerque.

Si no fuera por las palmeras, nada podría indicar que la imagen no se corresponde con una base aérea de Normandía en los días del verano de 1940. En realidad, el terreno tenía que ser regado con camiones cuba casi a diario porque la sequía, ese año de 1969, dejó la dehesa de color casi amarillo, imposible en las tierras francesas que imitaba. Al final, los filtros en las cámaras solucionaron el problema.

Terminado el rodaje, los restos de la «batalla»: rótulos de una inexistente unidad de bombardeo alemana —ya le habría gustado a Göering tener 498 Alas de Bombardeo— yacen en una de las casonas semiabandonadas que sirvieron de escenario para algunas tomas. El rodaje animó no solo la base, también muchos sevillanos encontraron trabajo temporal como «soldados alemanes».

Una palmera —¿habrá un árbol más característico de Tablada?— sirve como poste de señales para unos inexistentes acuartelamientos e instalaciones alemanas. Junto a ella, la escalerilla de acceso de una línea aérea que sí paso por aquí, pero treinta años antes. Un Citröen 2CV estacionado detrás casi casi se convierte en un anacronismo rodante.

El Real Aero Club de Andalucía dio soporte a un avión insólito —otro tan cinematográfico como él pasaría unos años más tarde por San Pablo— y sin el que el rodaje no habría sido posible: el «monstruo psicodélico», pintado de llamativos colores verde y rojo de alta visibilidad, un B-25 modificado para llevar las cámaras y servir como «set volante». En el morro se ve con claridad el logotipo de la película.

Texto: Juan Antonio Guerrero

Fotografías: Archivo personal del autor.