Arranca su reflexión con su origen a nivel europeo

Carlos J. Morales Febles, constructor y Piloto Propietario de la reconstrucción de una Jungmeister, ha querido compartir con nuestros seguidores su proyecto en 2019 para dar vida a una aeronave de estas características e importancia, que superó todos los requisitos técnicos.

A continuación nos explicará los antecedentes históricos:

Revivir un avión singular en la Historia Aeronáutica Española, una versión casi olvidada de la mítica avioneta acrobática de los años 30, cuyo carácter y cualidades le permitieron una longevidad portentosa y la convirtieron en el objeto de deseo de los mejores pilotos acrobáticos del Mundo en las décadas siguientes, y en una leyenda en la actualidad.

Por su historia, ampliamente conocida, la Jungmeister casi no necesita presentación. Aun así, algunos aspectos anecdóticos de su dilatada carrera son menos conocidos…

Tras la imposición a Alemania del Tratado de Versalles, después de la Primera Guerra Mundial, las potencias ganadoras hicieron ciertas exigencias de control e incluso destrucción de un modelo de avión Alemán en particular, el Fokker DVII, considerado por los expertos como el mejor y más temible caza de la contienda.

De sencillo y robusto concepto, disponía de un conjunto fuselaje-cola muy ligero, construido tubularmente en metal, unido en cerchas, como elemento principal, al que se unían 2 pares de alas, estructuradas en madera. Finalmente, la chapa metálica y el entelado, como recubrimientos, cumplían su función aerodinámica…

Sus motorizaciones, Mercedes o BMW, en línea de 6 cilindros y hasta 220 HP, adoptaban el concepto ganador de un cárter fijo y un cigüeñal rotatorio, con todas las ventajas que supone las menores inercias giroscópicas sobre los motores radiales rotatorios a la usanza en la época.
Como Alemania tenía prohibido montar motores de potencia superior a 80 HP, a tal concepto, de una gran ligereza, decidió recurrir el constructor Karl Clemens Bücker, que había sido piloto de la Marina Alemana en la Gran Guerra, cuando recibió del mayor superviviente de la Primera Guerra Mundial, Ernst Udet (también un gran piloto acrobático), el encargo de diseñar un aparato de entrenamiento.

Los destinatarios no eran otros que los nacientes aeroclubes Alemanes, que formaban ya el embrión de la Luftwaffe de la Segunda Guerra Mundial.

La brillantez de un joven ingeniero sueco, comisionado para el demandante diseño, Anders Andersson, hizo el resto… Su principal precepto fue no sobre-construir, para no entrar en el círculo vicioso del aumento de peso…

Solo en el fuselaje, existen en su estructura 5 diámetros y secciones tubulares decrecientes. Cada ala, con sus largueros construidos en madera de spruce, pesa menos de 25Kg con todos sus herrajes, diagonales internas y revestimiento, estando dotadas de un buen alargamiento relativo y alerones tipo Frise de una cuerda estrecha.

Casi cada una de sus superficies de mando está estática y dinámicamente compensada y soplada aerodinámicamente, con su eje de giro sobre rodamientos, accionada principalmente por barras y bielas, antes que por cables…

Finalmente, en el suelo, el aparato exhibía, con su combinación de rueda de cola controlable y frenos, además del “toe in” del tren principal, amortiguado, un comportamiento muy ágil y demandante para el piloto.

Maximizando todas las ventajas inherentes a los biplanos (fortaleza, ligereza, estabilidad, agilidad…), nació así en un tiempo record, del establo de la Bücker GmbH, la Bü 131 Jungmann (Hombre Joven).Esta avioneta, que demostró unas envidiables características de vuelo, poseía un evidente potencial de desarrollo en la dirección de la alta acrobacia…

Un piloto competente, que únicamente volase en Bücker, no notaría nada especial en ella, porque realmente hace lo que se supone que debe hacer, sin ningún tipo de vicio.

Solamente cuando vuelas otros tipos de avión te das cuenta de la excepcionalidad de ese logro, pues es realmente difícil encontrar un balance de mandos tan armónico en los 3 ejes, sin acoplamientos entre ellos, y con una ligereza de palanca tan notable.

El siguiente salto era natural: compartiendo una gran comunidad en su diseño con la Jungmann, se desarrolló el prototipo de la Bü 133 Jungmeister (Joven Maestro), destinada a la acrobacia avanzada, monoplaza con estructura reforzada y dotada de un motor más potente, el HIrth HM506 A1, de 6 cilindros en línea refrigerado por aire y 140HP, que aún estaba en proceso de pruebas.

Sin embargo, posteriormente se eligió para los aparatos de serie, el motor radial Siemens Sh 14, de 160 HP, que estaba más probado y era más compacto, lo que probablemente redundaba en un Centro de Gravedad (CdG) más trasero, y por ende, en una mayor maniobrabilidad.
Inmediatamente, la Bü 133 Jungmeister se reveló como la montura ideal para el “ballet aéreo”, favoreciendo el virtuosismo de sus pilotos, lo que catapultaría a la juventud Alemana a la maestría en la técnica de vuelo, para beneficio de su incipiente Luftwaffe.

Con su temperamental carácter, el nuevo aparato contó inmediatamente con la admiración y el respeto de los principales pilotos acrobáticos europeos, siendo a la sazón, algunos de ellos, aristócratas o “sportman,” provenientes de las más exquisitas capas sociales, y que veían en ese deporte un exponente de audacia y aventura.

En aquella etapa, y hasta finales de los años 50, se enfatizaba la destreza de los pilotos, quienes, con motorizaciones muy escasas, exhibían una sensibilidad a los mandos y una gestión de la energía impensable hoy en día, cuando disponemos de aparatos muy potentes y sin limitaciones estructurales…

Con este panorama, no es de extrañar que este diseño se convirtiera prontamente en una leyenda, tras su participación y victoria en los Juegos Olímpicos de 1936, marcando una época.

Su hegemonía terminó únicamente a finales de los años 50 y principios de los 60 con la aparición en escena de los pujantes monoplanos Zlin, exponentes de la tradición aeronáutica Checa. Y curiosamente… con la implantación a nivel internacional del sistema criptográfico de puntuación Aresti, quien siendo él mismo un excelente piloto de Jungmeister, reconocía una mayor relevancia a las maniobras verticales y exteriores…

Esto fue así, precisamente, porque eran las más difíciles de lograr con la escasa motorización de la Bücker.

Hasta el momento en el que los ordenadores permitieron una gran capacidad de cálculo, la Jungmeister fue la avioneta acrobática que poseía el más fino equilibrio entre maniobras “voladas” (aerodinámica + masa) y “autorrotativas” (efectos giroscópicos + masa).