A punto de cumplir 80 años, recuerda su infancia en el ACAR y cómo ha cambiado la vida

Segundo Vaya Ballabriga es el residente más antiguo del Acuartelamiento Aéreo de Tablada. A sus casi 80 años, no puede evitar esbozar una sonrisa al recordar todos los momentos que ha vivido en el lugar que lo ha visto crecer física, personal y profesionalmente.

Según cuenta el residente del ACAR, las calles de Tablada eran “terreno baldío”, sin ni siquiera carreteras. Aunque la zona ha evolucionado por completo, uno de los cambios que más sorprende a Segundo sigue siendo el Pabellón de Oficiales: “El pabellón no existía. El pabellón era en la casa del general, donde estuvo mi padre de cocinero. Después pasamos aquí, a este pabellón, en el año 50”. Por aquel entonces no había Iglesia. Las misas celebradas en fechas especiales, como era el caso de la misa por el Día de la Patrona, el 10 de diciembre, se hacían en un comedor.

El Club de Oficiales fue antiguamente el Tiro de Pichón. Segundo no lo llegó a conocer, pero siempre ha escuchado que venía gente de todo el mundo a tirar a los pichones. Poco tiempo después, el patio del club pasó a convertirse en el Patio de Gasolina, ya que era donde almacenaban la gasolina para coches y aviones. Posteriormente, se instaló ahí el Juzgado, hasta que, finalmente, se convirtió en el Club de Oficiales.

Recientemente se ha trasladado la Sala Histórica hasta allí. No obstante, tal y como recuerda Segundo, en aquel lugar, durante sus tiempos, había una tapia que separaba Tablada de terrenos en los que vivía gente muy humilde. Todos tenían vacas y cuando se acababa la leche iban allí a comprarla. En el caso de Segundo, él iba a por la leche de las vacas de María, conocida como “la jerezana”.

En la casa de Amalia, la hija de la estanquera, también consumían leche de las vacas de “la jerezana”. Segundo conoció a Amalia cuando tenía 12 o 13 años y, desde entonces, no han perdido el contacto. Congeniaron y forjaron una amistad que trasciende a los tiempos a y a los muros del Acuartelamiento.