Una botella de Don Curro y otra de Abuelo Rafael permanecerán enterradas hasta el próximo centenario

Umbretum, Abuelo Rafael, Don Curro y Blanca Paloma fueron los cuatro vinos que protagonizaron una cata centenaria entre Tablada y Bodegas Salado. Ambas entidades han intercambiado sinergias, tradición y trayectoria en una actividad en la que estuvieron presentes representantes del Acuartelamiento Aéreo, el general de División y director Enseñanza del mando del Personal del Ejército del Aire, Enrique Biosca, el propietario de Bodegas Salado, Rafael Salado, el enólogo Juan Alberto González, y el sumiller Fran León, que dirigió la cata, entre otros.

El primer vino que se degustó fue Umbretum, “un espumoso que tiene las estrellas embotelladas”, según el sumiller Fran León, quien recordó que “una botella de espumoso te puede cambiar la vida, y siempre para mejor. Se ha de tomar con moderación. Es el reflejo de un territorio, tanto del hombre que lo hace como de la misma viña. Se toma siempre en un gran día, un día de celebración. Por eso solo el sonido del tapón al descorchar arrancará una sonrisa. Y este vino espumoso de doble fermentación -explicó- nos hará recordar a los que están y a los que no porque es como si se bebieran las estrellas embotelladas. Umbretum está elaborado con la uva autóctona Garrido fino, que ya tenían plantada los musulmanes”.

También se probó Don Curro, que es un vino permanente en el tiempo. Tanto que Fran León lanzó un reto: “tiene la capacidad que, si incluso lo guardáramos aquí y esperáramos cien años más, lo podríamos abrir y disfrutar porque el tiempo no pasa por él”.

León indicó que se trata de “un vino de uva Pedro Ximénez, de crianza oxidativa en el sistema de criadera en solera; un vino en el que vamos a encontrar todos esos aromas de envejecimiento, esos aromas del pasado que se hacen presente hoy y que se pueden hacer presentes en el futuro. Y en boca vamos a encontrar un vino amplio, seco, que va a durar permanentemente en nuestras papilas gustativas para quedarse. Es un vino que no se olvida, como las cosas que quedan permanentemente en el tiempo”, dijo.

Otro de los vinos degustados fue Fina Blanca Paloma, elaborado con la uva Pedro Ximénez por el sistema dinámico de criaderas y soleras. Un vino “de bailar”, según recalcó el sumiller, “que recuerda las almendras crudas, Sanlúcar, el Guadalquivir embotellado o las maderas centenarias. En 1812, con este vino se brindó por la firma de la Constitución Española, La Pepa, la primera promulgada en España”, indicó.

Y Abuelo Rafael es un vino “de pañuelo”, “que te traslada a tus orígenes. Presenta notas amieladas y de flores, que recuerdan sensaciones similares a entrar en una bodega, onnos traslada a otra época con dulces árabes. Es un vino horizontal, que reconforta. Es persistente, fresco, está elaborado a partir de uvas Pedro Ximénez soleadas y fermentado parcialmente para preservar los azúcares naturales de la uva. Es un vino criado en bota de roble para conseguir una sensual integración de los azúcares en el vino. Tiene notas de miel y tostados que ofrecen un final largo, para ser recordado”, dijo Fran León.

Por su parte Rafael Salado agradeció que “se nos hayan abierto las puertas de esta institución” y “se nos haya elegido como bodega por el centenario”, y recalcó que “no tenéis para lo que necesitéis, porque además tenemos muchos vínculos en común”.

El general Biosca destacó, en esta línea, que “nos hermanan muchas cosas, desde el enólogo Juan Alberto González a ASET, y ha sido un descubrimiento conocer la tradición y la actividad de una empresa como Bodegas Salado, que es bicentenaria. Tal y como nos ha recomendado Fran León, vamos a meter un par de botellas bajo tierra aquí en el Acuartelamiento, de Don Curro y Abuelo Rafael, para dentro de cien años las abran los que estén y brinden y se las beban. Mientras tanto seguiremos disfrutando de la calidad de vuestros vinos centenarios”.